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Bulimia

La Bulimia o Bulimia Nervosa es un trastorno a nivel psicológico relacionado con la La palabra “bulimia” proviene del griego “βουλῑμια” que significa bous= buey + limos= hambre (hambre de buey).

Este trastorno puede darse tanto en hombres como en mujeres, sin embargo la población adolescente es la que reporta más casos.

La bulimia se caracteriza por alternar períodos de restricción alimentaria con episodios de ingesta de una gran cantidad de alimentos con atracones compulsivos y descontrolados (por lo general dulces y harinas) seguidos por un sentimiento de culpa; terminando con el vómito autoinducido y el uso de laxantes, diuréticos y todo tipo de pastillas comerciales que prometan adelgazar. Esto junto con actividad física excesiva y el ayuno.

Las personas con bulimia, perciben su cuerpo de manera diferente al resto de la gente, poseen baja autoestima y graves problemas en relación con su peso y la imagen de sí mismos que reciben del espejo. Esta conducta sucede porque la persona no se encuentra completamente sana a nivel psicológico, se sienten obesas cuando en realidad no lo son; estas personas no poseen una visión real de su cuerpo tal cual es percibido por el resto de personas.

Con respecto al atracón, es típico que sea secreto o a escondidas, con gran vergüenza y miedo de ser descubierto. La comida es ingerida rápidamente, en cuestión de minutos, sin dar tiempo a saborearla. Los alimentos consumidos son generalmente harinas, azucares y grasas de fácil ingesta. En un solo atracón la persona puede llegar a consumir entre 10.000 y 40.000 calorías. Los bulímicos tienen cerca de 15 episodios de atracones y vómitos por semana y en general, su peso es normal por lo que resulta difícil detectar la enfermedad.

Cuando alguien tiene un peso inferior al que le determina su biología o se está alimentando con una dieta restrictiva, el desencadenante del atracón suele ser el hambre. Sin embargo, con el tiempo el atracón se generaliza como recurso e intento para aliviar el malestar emocional que puede tener distintos orígenes: desde el aburrimiento hasta la depresión, pasando por la ansiedad o el enojo.

Las personas que padecen bulimia son incapaces de dominar los impulsos que los llevan a comer, pero el sentimiento de culpa y vergüenza tras ingerir muchos alimentos les lleva a ayunar, usar purgativos y provocarse vómitos para prevenir el aumento de peso.

Elementos importantes a tener en cuenta:

Existen situaciones emocionales, sociales o clínicas en las que se producen episodios de ingestas exageradas y no se trata de bulimia. Por ejemplo , frente al estrés hay muchas personas que ingieren más que lo habitual. Es frecuente escucharlo en adolescentes en época de examen, pero la diferencia con la bulimia radica en que la ingesta vuelve a lo normal, transcurrido el período de exigencia extrema. No es infrecuente que determinados eventos se festejen con comidas abundantes y copiosas, y que alguno de los asistentes se exceda más que otros, pero esto debe diferenciarse de un trastorno de la alimentación. Algunas enfermedades orgánicas llevan al exceso de alimentación, como el hipertiroidismo o la diabetes.

Al hablar de bulimia nos referimos a una forma particular de ingesta excesiva que va acompañada de el temor a engordar. Los atracones concluyen a causa del malestar físico o por una interrupción social – que la paciente sea descubierta -. Inmediatamente, a continuación hay remordimiento y distintas formas de anular lo hecho, pero esta conducta llamada de purga, está siempre originada por el temor malsano a engordar, y es esto lo que diferencia al verdadero bulímico del exceso temporario que esporádicamente puede incurrir cualquier persona.

La persona bulímica está preocupada constantemente por pensamientos de la comida y por la sensación de haber traicionado su aspiración a un peso ideal. La ingesta compulsiva termina debido al malestar abdominal, interrupción externa por aparición de otra persona, recuperación de control o sensación de sopor. Luego del atracón, la persona siente culpa y se atormenta por la sensación de pérdida de control. El método de purga específico puede variar a lo largo del tiempo, siendo los más comunes los vómitos, los diuréticos y los laxantes.

La ingesta compulsiva a escondidas o durante la noche es una de las principales características . Pueden llegar a gastar una gran cantidad de dinero en comida. No sienten ningún placer al comer ni preferencias en cuanto al tipo de alimentos, sólo buscan saciarse. Intentan evitar los lugares en los que hay comida y procuran comer solos. Su comportamiento suele ser asocial, tienden a aislarse, y la comida es su único tema de conversación. Además, la falta de control sobre los alimentos les produce grandes sentimientos de culpa y vergüenza.

Repercuciones de la Bulimia:

Las constantes purgas, el ácido producido por los vómitos y el estrés general provocado al cuerpo deja sus marcas:

Se producen cambios emocionales como la depresión y la ansiedad que manifiesta el desarrollo de la enfermedad. La bulimia puede ir acompañada de otros trastornos como la cleptomanía, el alcoholismo o la promiscuidad sexual.

En cuanto a los signos físicos que evidencian la enfermedad se encuentran la debilidad, migrañas, dolores musculares, mareos, pérdida de cabello, irregularidades menstruales, esterilidad. Piel opaca y seca, hinchazón del rostro por el aumento de las glándulas salivales y parótidas, colon irritable y megacolon, desequilibrios en electrolíticos, esofagitis, suicidio, daños en el esófago, arritmia cardiaca que puede desembocar en infarto, deshidratación, perdida de uñas, pérdida de piezas dentales (por el daño que causa el ácido estomacal en los dientes).

Otros Datos

Esta enfermedad afecta a los jóvenes y se manifiesta con más frecuencia en las mujeres. La media de edad de inicio se sitúa en los 19 años y las personas que han sufrido anorexia o han realizado dietas sin control tienen un mayor riesgo de sufrir bulimia. En esta enfermedad se pueden distinguir dos subtipos:

  • Purgativo: el enfermo recurre a los vómitos u otros métodos purgativos para evitar el aumento de peso.
  • No purgativo: Utiliza métodos no purgativos como el ayuno o el ejercicio físico compulsivo, pero no recurre a vómitos, diuréticos o laxantes

¿Cómo sé si una persona es bulímica?
Cuando este tipo de actitudes se realizan al menos dos o tres veces por semana podemos afirmar que una persona es bulímica.

La persona bulímica considera que no padece ningún problema, lo oculta y es la familia la que debe acudir a pedir ayuda, ya que el paciente no ve la realidad y por ello mismo ha llegado al estado al que esta.

Es muy importante concurrir rápidamente a la ayuda medica y psicológica ya que los daños pronto se hacen aparecer y antes son atacados, menores son las consecuencias.

Tratamiento

El tratamiento debe constar de atención médica y psicológica, ya que con la mejora de la alimentación no es suficiente. Lo más recomendable es implementar un tratamiento medico que incluya ayuda terapéutica, incluso al grupo familiar.

De acuerdp a la gravedad se puede recurrir a un tratamiento ambulatorio o a la hospitalización. En primer lugar se trata de evitar los vómitos, normalizar el funcionamiento metabólico del enfermo, se impone una dieta equilibrada y nuevos hábitos alimenticios. Junto a este tratamiento, encauzado hacia la recuperación física, se desarrolla el tratamiento psicológico con el fin de reestructurar las ideas racionales y corregir la percepción errónea que el paciente tiene de su propio cuerpo. El tratamiento también implica la colaboración de la familia, ya que en ocasiones el factor que desencadena la enfermedad se encuentra en su seno. La curación de la bulimia se alcanza en el 40 por ciento de los casos, si bien es una enfermedad intermitente que tiende a cronificarse. La mortalidad en esta enfermedad supera a la de la anorexia debido a las complicaciones derivadas de los vómitos y el uso de purgativos.

Si bien la mayoría de las personas con bulimia que son ayudadas por sus familias a realizar un tratamiento, se reponen de esta enfermedad. la cura nunca existe en forma definitiva, ya que permanece siempre en forma latente un conflicto entre la alimentación, la imagen y el comportamiento ante la comida. Esta relación no siempre se evidencia, y muchas veces queda inadvertida pero siempre queda un vestigio de lo que fue la enfermedad en toda su expresión. Por otra parte, las secuelas de esta enfermedad y de los continuos daños a los que se somete al organismo permanecen.

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